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domingo, 8 de julio de 2012

Fray Servando Teresa de Mier

Fray Servando Teresa de Mier
(Monterrey, 1765 - México, 1827) Eclesiástico, escritor y político mexicano que luchó por la causa independentista. Miembro de una familia de la alta burguesía criolla, su abuelo paterno era natural de Buelna (Asturias) y su padre, Joaquín de Mier y Noriega, llegó a ser regidor del Ayuntamiento y gobernador de Monterrey (Nuevo León). Mier descendía por línea materna de los Guerra Buentello, los primeros españoles afincados en la región. Realizó sus primeros estudios Monterrey, pero en 1780, forzado por el ambiente familiar, se trasladó a México para ingresar en el convento de los dominicos y más tarde en el Colegio de Porta Celi, donde estudió filosofía y teología.
Con el título de doctor en teología regresó al convento dominico para enseñar filosofía. Durante los años siguientes gozó de cierto renombre y se hizo famoso como predicador, especialmente cuando el 8 de noviembre de 1794 pronunció una “oración fúnebre” por Hernán Cortés que llamó vivamente la atención. Un mes más tarde, el 12 de diciembre, fecha de la celebración de la Virgen de Guadalupe, en la propia Colegiata de Guadalupe, pronunció un célebre sermón en el que rechazaba las tradiciones sobre las apariciones de la Virgen, poniendo en duda su veracidad.

Fray Servando Teresa de Mier
El sermón escandalizó a los devotos y fue la causa de muchas de sus desgracias posteriores. El arzobispo Alonso Núñez de Haro ordenó que se le encerrara en una celda del convento de Santo Domingo, a la vez que se iniciaba la instrucción de un expediente. El 21 de marzo, el arzobispo lo condenó a diez años de exilio y reclusión en el convento de los dominicos de Nuestra Señora de las Caldas, en Santander (España). Al mismo tiempo se le prohibió enseñar como profesor y ejercer como religioso y confesor, retirándosele el título de doctor que le había concedido el Pontífice.
Su intento de retractación resultó inútil, por lo que, abandonado por sus familiares y amigos, tuvo que aceptar la promulgación de un edicto de condena pública que se leyó en todas las diócesis de la Nueva España, con excepción de Nuevo León, cuyo obispo era un viejo amigo suyo. La Inquisición, presidida por su tío Juan de Mier y Vilar, prefirió abstenerse de intervenir, pero el propio fray Servando escribió en sus Memorias: “Como hombre de honor y de nacimiento había recibido con el edicto el puñal de muerte”. Tras pasar dos meses en la fortaleza de San Juan de Ulúa, el célebre presidio que frecuentarían más tarde numerosos insurgentes y los restos de la expedición de Mina, el 7 de junio de 1795 embarcó en Veracruz rumbo a Cádiz.
Se iniciaba así el larguísimo periodo de su expatriación, que se prolongaría hasta 1817, cuando Servando de Mier regresó a México formando parte de la Expedición de Francisco Javier Mina. En estos 22 años se convirtió en un personaje insumiso, resabiado y crítico. Recluido en el convento de Santo Domingo de Cádiz, pronto buscaría ocasiones para escaparse. En sus Memorias se refiere a los “zafios dominicos españoles, de procedencia campesina, que lo perseguían y torturaban por aristócrata”. Trasladado en la primavera de 1796 al convento de San Pablo en Burgos, el prior, un hombre ilustrado que lo acogió con simpatía, lo recomendó a Jovellanos, el nuevo ministro de Gracia y Justicia de Carlos IV, que le permitió regresar a Cádiz en mejores condiciones.
Mier aprovechó el nuevo clima de respeto y consideración que le rodeaba para solicitar la revisión de su caso ante la Academia de la Historia de Madrid, que anteriormente había negado la autenticidad histórica de la aparición, coincidiendo con la tesis de Mier, por lo que éste quedaba indirectamente exculpado de haber cometido ningún error. Sin embargo, esta satisfacción personal no le supuso la anulación del edicto del arzobispo Haro. Pocos años después, tras la destitución de Jovellanos y como consecuencia de la reacción conservadora imperante a partir de 1800, se le volvió a recluir por la fuerza en un convento de Salamanca. Logró fugarse cuando era conducido y escapó hasta Burgos, donde fue detenido y encerrado en el convento de San Francisco de esta ciudad. Poco después consiguió evadirse y huyó hasta Francia, llegando a Bayona el día de Viernes Santo de 1801. Según cuenta él mismo, entró en una sinagoga, discutió de teología con unos rabinos y rechazó la propuesta de matrimonio con una joven judía.
En París tradujo el Atala de Chateaubriand y escribió una disertación rechazando las tesis de Volney, lo que le permitió atraer la atención del vicario mayor de París, que le confió la parroquia de Santo Tomás de Aquino. No era de extrañar que conociese de inmediato al obispo Grégoire, impulsor del clero jansenista francés, que apoyaba la constitución civil del clero. En 1802 decidió trasladarse a Roma para solicitar directamente del Papa su secularización; el abate Grégoire le había entregado varias cartas de presentación para los dirigentes más notables del jansenismo italiano. Según dice en sus Memorias, a falta de otra documentación, logró la pretendida secularización, con licencia para seguir oficiando y el rango de protonotario apostólico, lo que le otorgaba el título de “monseñor”.
Creyendo haber resuelto satisfactoriamente su condena, regresó en 1803 a Madrid, vía Barcelona, donde volvió a ser detenido y trasladado al Convento de los Toribios de Sevilla, “la más bárbara de las instituciones sarracénicas de España”, en la que permaneció de febrero a junio de 1804. Se fugó el 24 de junio y embarcó rumbo a Sanlúcar, camino de Cádiz, donde se le detuvo otra vez y se le obligó a regresar a Los Toribios, permaneciendo allí hasta mediados de 1805. En esta fecha volvió a evadirse, fue testigo de la batalla de Trafalgar y, finalmente, escapó a Portugal.
En Lisboa consiguió un puesto de secretario en el Consulado de España y en 1807, a través del Nuncio de Roma, logró la promoción al cargo de prefecto doméstico de su Santidad, como recompensa por haber conseguido la conversión de dos rabinos. En Lisboa se enteró de la invasión francesa de la Península, se indignó por los sucesos del dos de mayo en Madrid y ayudó a los prisioneros españoles que habían caído en poder del mariscal Junot. Como respuesta a la emoción patriótica de este momento, decidió alistarse en el Batallón de infantería ligera de Voluntarios de Valencia, que se estaba formando en Portugal con los soldados españoles allí prisioneros, y en calidad de capellán y cura castrense regresó a España, por la vía marítima.
Desembarcado su batallón en Cataluña, participó a lo largo de 1809 en numerosas acciones de guerra, entre otras la batalla de Alcañiz, el 23 de mayo, en la que combatió junto con Javier Mina, que estaba a las órdenes del mariscal de campo Carlos de Aréizaga, y tomó parte en el avance hacia Zaragoza que se saldó con las derrotas de María y Belchite, los días 17 y 18 de junio. Preso de los franceses, logró escapar y permaneció unos meses en Cataluña, hasta que Blake lo envió a Cádiz, recomendado para una canonjía en la catedral de México. En realidad, lo hizo atraído por la convocatoria de Cortes y su deseo de resultar elegido diputado, lo que no consiguió. Permaneció sin embargo en Cádiz, asistió a las sesiones de Cortes como espectador y colaboró con dedicación absoluta al trabajo que realizaban los diputados americanos, en especial sus propuestas y la defensa de sus posiciones, en la famosa sesión de 15 de septiembre de 1811.
En Cádiz se relacionó con la familia del depuesto virrey José de Iturrigaray, que le encargó la defensa de su gestión en Nueva España, poniendo a su disposición documentos y recursos, y se adscribió a la Sociedad de los Caballeros Racionales, núcleo inicial de la famosa Logia de Lautaro, que le ayudó a trasladarse a Londres en octubre de 1811, para escapar del acoso policial y de las patrañas del publicista Cancelada, al servicio de la policía.
En Londres, gracias a su amistad con los americanos allí refugiados, completó la defensa de Iturrigaray, a cuya obra inicialmente titulada Historia de la revolución de Nueva España, Antiguamente Anáhuac o Verdadero origen y causas de ella… con sus progresos hasta el presente año de 1813, añadió unas amplísimas reflexiones sobre los acontecimientos más recientes. La Historia se publicó en noviembre de 1813 en Londres, y la firmó como "José Guerra", el apellido de su madre. Amigo de Blanco White, discutió sus posiciones americanistas y escribió dos famosas Cartas a El Español, pero también desarrolló una amplia actividad como traductor y editor, entre otras obras de la Brevísima Relación de Las Casas, la Representación de la Diputación Americana ante las Cortes, y algunos otros textos de sus amigos americanos.
Su estancia en Londres hasta mayo de 1816 (interrumpida por un corto viaje a París de julio de 1814 a abril de 1815, del que regresó en compañía de Lucas Alamán) le permitió hacer amistad y relacionarse con los caraqueños Andrés Bello y Luis López Méndez. Éste último le ofreció la casa y la biblioteca del precursor Francisco de Miranda; también se relacionó con la familia Fagoaga de México y con el resto de enviados de las Juntas insurgentes que se estaban formando en las provincias de América. Su encuentro con el famoso guerrillero Francisco Javier Mina, que llegó a Londres en mayo de 1815, lo llevó a incorporarse a la expedición que se estaba preparando en Inglaterra y que zarpó de Liverpool el 15 de mayo de 1816.
Tras una larguísima travesía, retardada por los vientos contrarios, lo que le permitió intimar con Javier Mina, llegaron ambos a Baltimore el día 1 de julio, para dar comienzo a una extraordinaria aventura militar: la preparación y el desarrollo de una División auxiliar del Congreso de México, que desembarcó en Soto la Marina el 21 de abril de 1817, dispuestos a integrarse y participar en la estrategia insurgente mexicana. La expedición de Mina, tras una campaña de ocho meses de duración en tierras del Bajío (Michoacán y Guanajuato), acabó en fracaso, y fray Servando, que había permanecido algún tiempo defendiendo el fuerte de Soto la Marina, cayó prisionero del virrey Juan Ruiz de Apodaca a finales de junio de 1817.
Conducido a las cárceles de la Inquisición en la Ciudad de México, permaneció en ellas tres años hasta su traslado a San Juan de Ulúa. Fueron los años durante los cuales se celebró un largo proceso, recargado de testimonios, declaraciones y confesiones, en el que se buscaba demostrar la compleja y extensa trama urdida en torno a Mina y a Mier, esperando demostrar la implicación de los gobiernos y políticos más influyentes de Inglaterra y Estados Unidos. Sin llegar a ninguna conclusión, se le mantuvo en la cárcel, donde escribió la Apología y Relación de lo ocurrido en Europa hasta octubre de 1805, posteriormente conocida como Memorias, y la continuación de estas memorias con el título de Manifiesto apologético. El 30 de mayo de 1820, cuando se volvió a proclamar la Constitución de Cádiz, se le trasladó a la cárcel de Corte en México y el mes de julio fue enviado a Veracruz y San Juan de Ulúa, camino de España, porque el virrey había decidido desterrarlo sin cargos a la Península.
En San Juan de Ulúa revisó el Manifiesto apologético y, en un ambiente de mayor libertad, redactó Algunas representaciones en su defensa, Carta de despedida a los mexicanos, Cuestión política: ¿Puede ser libre la Nueva España? y, finalmente, Idea de la Constitución. En estos textos se aprecia la evolución de su pensamiento. Aunque conservó su implacable condena a la dominación española de América, causa y razón de todos los males del presente, titubeaba sobre el modo de organización y sobre la adopción o el rechazo de la forma monárquica o republicana, así como sobre el centralismo o el federalismo estatal. Estaba muy influido por el pensamiento del francés Abad de Pradt, cuyas traducciones al español acababan de llegar a México.
En febrero de 1821 protagonizó una nueva fuga, al evadirse en La Habana del barco que lo conducía a España, recalando provisionalmente en Filadelfia, donde se reencontró con sus amigos hispanoamericanos. En rechazo al Plan de Iguala expedido por el general Agustín de Iturbide, fray Servando escribió y publicó en Filadelfia Memoria político instructiva, en la que se declaraba partidario de un gobierno republicano, rechazando el Tratado de Córdoba firmado por Iturbide y por el nuevo virrey Juan O'Donojú. Decidió regresar a México en 1822, al ser elegido diputado por Nuevo León al Congreso Constituyente, pero tuvo que sufrir nuevamente prisión en San Juan de Ulúa, de febrero a mayo, apresado por el gobernador de esta plaza, que se mantenía fiel a la soberanía española. Liberado al proclamarse emperador Agustín de Iturbide, tomó posesión de su escaño en el Congreso para enfrentarse al que ahora consideraba un dictador, por lo que nuevamente sufrió persecución y cárcel.
El levantamiento del general Santa Anna en Veracruz en favor de la República aglutinó la oposición a Iturbide, en la que participó fray Servando, obligándole a renunciar al Imperio y a embarcar rumbo a Europa. Constituido un nuevo Congreso, se proclamó la República y se aprobó la Constitución de 1824, lo que le obligó a enfrentarse a Ramos Arizpe en la reñida discusión de la forma federal o centralista de Gobierno. El 13 de diciembre de 1823 fray Servando había pronunciado en el Congreso un famoso discurso llamado De las profecías, en el que se opuso enérgicamente al sistema federalista. La rebelión de las Provincias, que exigían una solución federal, copiada del admirado sistema estadounidense y que amenazaba con la desmembración del país, le obligó a buscar una fórmula de compromiso entre políticos y doctrinarios. Aceptó la declaración de un Estado federal (art. 5º), pero se negó a conceder “soberanía” a los Estados (art. 6) regionales. Nacía de este modo la gran contradicción en la historia política del México moderno.
Recluido en el Palacio Presidencial, que le había cedido el propio Guadalupe Victoria, primer presidente constitucional, vivió sus últimos años entre la admiración y la crítica de sus conciudadanos. O'Gorman, biógrafo y comentarista excepcional, dijo de él: “Dotado de fácil palabra, mordaz, erudito, inteligente y deslenguado, siempre supo cautivar la atención de sus oyentes. Escribir fue su ocupación predilecta; pero aventurero inquieto, más de ocasión que por afición, su obra entera se resiente de falta de unidad. No por eso se menosprecie. Su obra es admirable; el estilo es original y vigoroso y toda ella está animada de la apasionada personalidad de su autor”.
Recibió el viático de manos de Ramos Arizpe, su más firme adversario en la polémica constitucional. En presencia del presidente Guadalupe Victoria y de una numerosa concurrencia, a la que había invitado al presentir su suerte días antes, murió en sus habitaciones de Palacio el 17 de noviembre de 1827. Fue sepultado en el convento de Santo Domingo de la Ciudad de México.

Francisco Xavier Mina

Francisco Xavier Mina
(Francisco Xavier o Javier Mina; Idocín, 1789 - México, 1817) Guerrillero español. Destacó en los dos asedios franceses de Zaragoza. Unido a su tío, el general Espoz y Mina, formó una guerrilla y luchó sin cesar contra los invasores en Navarra, Aragón y La Rioja, hasta caer prisionero en el asedio de Labiano (1810).
Disconforme con el absolutismo de Fernando VII, después de un fallido alzamiento contra Fernando VII marchó a Londres, de donde pasó a México a luchar por su independencia. En 1815, agentes de la insurgencia mexicana en Europa, entre los que se encontraba fray Servando Teresa de Mier, se pusieron en contacto con el liberal español, que decidió armar una expedición. El 15 de abril de 1817 desembarcó en Soto la Marina, donde leyó una proclama a los americanos.
Mina identificaba la lucha de los independentistas con el combate al absolutismo; en México, sin embargo, los insurgentes ya no luchaban por la Constitución de Cádiz, y su iniciativa despertó la desconfianza de algunos. La expedición no duró mucho; en 1817, Mina fue derrotado y hecho prisionero en el rancho El Venadito, cerca de Guanajuato. Fue fusilado el 11 de noviembre de 1817.

José Sixto Verduzco.

José Sixto Verduzco

José Sixto Verduzco
José Sixto Verduzco fue un cura mexicano que vivió en la época de la guerra de independencia de México. Nació en la ciudad de Zamora, Michoacán, en 1770, y murió en 1830 en la ciudad de México.
Se formó como sacerdote en el Colegio de San Nicolás de Valladolid y en el seminario de la misma ciudad del occidente de México. Finalmente obtuvo el grado de doctor por la Pontificia Universidad de México. Sirvió como párroco en el pueblo de Tuzantla, perteneciente a la intendencia de Michoacán. Formó parte de la Junta de Zitácuaro, convocada por Ignacio López Rayón en 1811.
En 1813 intentó sin éxito conquistar Valladolid para la causa insurgente. Fue esta derrota uno de los acontecimientos que contribuyeron a la caída de la Junta de Zitácuaro. A la convocatoria de José María Morelos y Pavón para formar un nuevo órgano de gobierno, Verduzco participó como diputado por Michoacán.2 Fue firmante del Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional y de la Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana.3
En 1817 fue puesto preso por el virrey Juan Ruiz de Apodaca, y tres años más tarde fue beneficiado con el indulto. Al consumarse la independencia, Verduzco fue nombrado capitán general y senador por Michoacán.

José María Liceaga

José María Liceaga

Retrato José María Liceata
José María Liceaga (Hacienda de la Gavia, Romita, Guanajuato, 1780 - Guanajuato, 1818) fue un médico y militar novohispano que se unió a los insurgentes durante la Independencia de México.

Semblanza biográfica

Sus padres fueron Manuel de Liceaga y de María Josefa Reyna, nació en la hacienda de la Gavia, la cual pertenecía a su familia. Realizó estudios de medicina, y posteriormente ingresó al ejército realista, logrando alcanzar el cargo de teniente en el cuerpo de Dragones. En 1810, al iniciar la guerra de Independencia de México, se unió a Miguel Hidalgo como capitán, posteriormente ascendió a teniente coronel. Participó en la batalla del Monte de las Cruces y en la batalla de Aculco. Después de la derrota de la batalla de Puente de Calderón marchó junto con Ignacio López Rayón hacia Zacatecas, lugar desde donde dirigieron un escrito a Félix María Calleja explicándole el motivo de la insurrección y haciendo patente su fidelidad a Fernando VII.
Dos meses más tarde, participó en el ataque a Valladolid (hoy Morelia). Se trasladó a Zitácuaro, lugar en donde se formó la Suprema Junta Nacional Gubernativa de la cual fue vocal. Apoyado por José María Cos, dirigió la insurgencia en la demarcación norte. Sufrió una fuerte derrota en su intento por tomar Celaya. Se instaló en la laguna de Yuriria. Debido a las fuertes desavenencias entre los miembros de la Junta, se unió a José Sixto Verduzco para perseguir a López Rayón a quien se le consideraba traidor, sin embargo fue hecho prisionero por este último en mayo de 1813. Tres meses más tarde se logró una reconciliación poco antes de iniciar el Congreso de Chilpancingo convocado por José María Morelos. Fue diputado del mismo por la provincia de Guanajuato, y firmante del Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional. En 1814, aún como miembro del Congreso, participó en la fima del Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana. Tras el fusilamiento de Morelos, marchó a Michoacán.
En 1817, volvió a participar en acciones militares durante la expedición de Xavier Mina. Cuando este fue aprehendido, logró escapar. Se retiró de las acciones militares en la Hacienda de La Laja. A finales de 1818 fue asesinado por el capitán Juan Ríos bajo las órdenes del comandante insurgente Miguel Borja, quien frecuentemente realizaba procedimientos ilegales . Semanas antes, este comandante había recibido un préstamo de Liceaga por mil pesos, y para evitar pagarlo decidió llevar a cabo la felonía. La noticia fue estremecedora para el resto de los insurgentes.

Ignacio López Rayón

Ignacio López Rayón
(Tlalpujahua, 1773 - México, 1832) Prócer de la independencia mexicana. Estudió en el Colegio de San Ildefonso de ciudad de México, donde se tituló de abogado. En 1810 se unió en Maravatío a Miguel Hidalgo, que iniciaba la revolución independentista de los territorios mexicanos del virreinato de Nueva España frente al poder colonial español, y participó en las batallas de Monte de las Cruces, Puente Calderón y Aculco.

Ignacio López Rayón
En Guadalajara, Hidalgo lo nombró secretario de Estado, y desde ese cargó luchó por la formación de un gobierno civil: publicó los decretos que suprimían la esclavitud y los impuestos, y promovió la publicación de El Despertador Americano, el principal órgano independentista.
Cuando murió Hidalgo en 1811, Ignacio López Rayón se convirtió en la primera figura del movimiento, prestigio que conservó hasta la aparición de José María Morelos. Hidalgo había proyectado el establecimiento de un congreso compuesto por representantes de todas las ciudades, villas y lugares, que dictara leyes "suaves, benéficas y acomodadas a las circunstancias de cada pueblo". En Zitácuaro, López Rayón organizó la Suprema Junta Gubernativa de América, que expidió leyes, proclamas y reglamentos. La Junta de Zitácuaro elaboró un documento titulado Elementos constitucionales, que fue el primer intento de organizar las ideas emancipadoras en un instrumento legal. Estrechamente vinculado a los preceptos de Hidalgo, el documento decretaba la abolición de la esclavitud, la igualdad de clases, la libertad de expresión y la inviolabilidad del domicilio, y constituye un antecedente de los Sentimientos de la Nación de Morelos.
En Saltillo, previendo sucesos, se le designó jefe del Ejército insurgente y recibió instrucciones para continuar la guerra. Mantuvo la posición en el cerro del Cóporo durante varios meses frente al asedio de Iturbide y Llano, pero al fin hubo de capitular y, al negarse a reconocer a la junta de Jaulilla, fue entregado a los realistas. Condenado a muerte, la sentencia quedó en suspenso, pero igualmente López Rayón hubo de permanecer en la cárcel hasta 1820. Alcanzada la Independencia, ostentó los cargos de Tesorero en San Luis de Potosí, comandante general de Jalisco y presidente del Tribunal Militar.

José María Morelos.

José María Morelos
(José María Morelos y Pavón; Valladolid, actual Morelia, 1765 - San Cristóbal Ecatepec, 1815) Religioso, político y militar mexicano, caudillo de la independencia de México. Asumió el liderazgo del movimiento independentista tras la muerte en 1811 del cura Hidalgo (a cuya causa se había unido en 1810) y logró importantes victorias en el sur. Trató además de dar forma política a sus ideales de justicia e igualdad a través del Congreso de Chilpancingo (1813), que formuló la declaración de independencia, otorgó a Morelos un amplio poder ejecutivo y puso las bases para una Constitución liberal y democrática que sería aprobada en 1814.
José María Morelos era hijo de Manuel Morelos, carpintero de ascendencia india y de Juana María Pérez Pavón, criolla, cuyo padre había sido maestro de escuela en la ciudad. Durante catorce años, además de las primeras letras que le enseñó su madre, sólo se sabe que ayudó en lo que pudo para el sostenimiento de la familia.

José María Morelos
La muerte del padre en 1779 significó un importante cambio. Confiado a la custodia de su tío Felipe Morelos, se trasladó a una hacienda cerca de Apatzingán (Michoacán) y se dedicó primero a la labranza y, poco después, a conducir como arriero una recua de mulas que su tío empleaba para transportar los ricos cargamentos de mercancías entre el puerto de Acapulco, terminal de los galeones de Manila, y la ciudad de México. Esta actividad le proporcionó unos ingresos regular, que el joven Morelos invertía en comprar mulas y sostener a su madre y hermana.
Así vivió hasta cumplir los 25 años; en 1790, ante la insistencia de su madre, que deseaba su ingreso en la carrera eclesiástica con la ilusión de que accediese a una capellanía o beneficio dejado por su bisabuelo materno, se separó de su tío Felipe y regresó a Valladolid para ingresar en el colegio de San Nicolás. Allí tuvo ocasión de conocer al rector Miguel Hidalgo y Costilla, con el que coincidió durante dos años. Estudió gramática y latín y dos años más tarde amplió estos estudios en el Seminario Tridentino de la misma ciudad, recibiendo instrucción en retórica y filosofía. El 28 de abril de 1795 recibió el título de bachiller de artes en la ciudad de México.
Poco después solicitó de la jerarquía eclesiástica de Valladolid que se le confiriesen la tonsura clerical, las cuatro órdenes menores y el subdiaconato, lo que consiguió a finales de ese mismo año. En abril de 1796 aceptó una oferta del cura de Uruapan para enseñar gramática y retórica a los niños del lugar, tras recibir la licencia correspondiente. Tras algunos años de ejercicio, el 20 de diciembre de 1797, cumplidos los 32 años de edad, fue promovido al sacerdocio, otorgándosele licencias para celebrar misa, oír confesiones y predicar en Uruapan y curatos vecinos.
Se iniciaba así una larga carrera sacerdotal que le llevó a ejercer de cura párroco, primero en un marginado distrito de Churumuco, etapa durante la cual falleció su madre en Pátzcuaro. Morelos permaneció en Churumuco durante poco más de un año, hasta que en marzo de 1799 se le transfirió a la parroquia de Carácuaro, a unos 50 kilómetros de distancia, tan pobre como la anterior pero mucho más poblada. En Carácuaro vivió Morelos toda una década, administrando la parroquia y viviendo de las aportaciones de sus feligreses, que se resistían por todos los medios al pago de los impuestos eclesiales.
Durante este periodo mantuvo y mejoró un negocio de ganado que había iniciado en la época de arriero, administró la herencia de su madre, transfirió a su hermana la casa familiar (actualmente Casa de Morelos en la ciudad de Morelia) y tuvo dos hijos ilegítimos. Más tarde, durante el periodo revolucionario, tuvo dos hijos más. En 1807 compró en Valladolid una casa a la que aumentó otro piso en 1809, sin que se tenga la menor certeza de que le llegara noticia alguna de que se estaba preparando una revolución. Bien es cierto que los historiadores señalan la creciente insatisfacción y en todo caso la frustración de Morelos, acumulada a lo largo de muchos años de cura parroquial.
En octubre de 1810, conocedor del levantamiento de Miguel Hidalgo, que había sido su rector en San Nicolás, decidió visitarle y hablar con él. Al parecer, su intención era la de ofrecerse como capellán, pero una vez llevado a cabo este encuentro el 20 de octubre, Hidalgo lo convenció de que aceptara una misión más importante: marchar a la costa del sur, reunir tropas y tomar el puerto de Acapulco, que Morelos conocía muy bien. El 25 de octubre, acompañado de una veintena de voluntarios mal armados, Morelos partió de Cuarácaro hacia las tierras calientes del sur, en calidad de lugarteniente de Hidalgo.
La actividad insurgente de Morelos duró cinco años, a lo largo de los cuales fue capaz de desarrollar cuatro campañas militares, además de una obra política, doctrinal y administrativa en la que se recoge un pensamiento avanzado, innovador y cargado de sentido popular y social. Se le reconoce un incipiente genio de estratega militar, despiadado y cruel en algunas ocasiones, y capaz de enfrentarse y doblegar en varias ocasiones a los ejércitos realistas superiores en número, bajo el mando del temible Félix María Calleja.
Las campañas de Morelos
La primera campaña, de octubre 1810 a agosto 1811, le permitió organizar y constituir un cuerpo de tropas disciplinado y bien armado, con el que intentó sin éxito la ocupación de Acapulco en febrero de 1811. Se retiró con sus fuerzas a Tecpan, desde donde preparó el asalto a Chilpancingo el 24 de mayo y la toma de Tixtla (actual Ciudad Guerrero) dos días más tarde. En el curso de esta campaña se le unieron los hermanos Miguel y Víctor Bravo, nacidos en la hacienda de Chichihualco; Vicente Guerrero, oriundo de Tixtla, y los hermanos Galeana, de Tecpan. En esta época contó con la colaboración del estadounidense Perter Ellis Bean, aventurero cosmopolita, que fabricó gran cantidad de pólvora para las tropas insurgentes.
Desgraciadamente, en junio de 1811 fueron ejecutados Miguel Hidalgo y sus principales ayudantes, aunque le sucedió en la dirección del movimiento Ignacio López Rayón, que se retiró a Zacatecas y se internó en Michoacán, mientras maduraba y concretaba un ideario político que diese coherencia y unidad a las iniciativas surgidas por todo el país. Unido a José María Liceaga, años más tarde compañero de Javier Mina, y a José Sixto Verduzco, enviado de Morelos, Rayón estableció en agosto de este año la Suprema Junta Nacional de América.
La mayor objeción que Morelos puso a esta Junta fue su declarado acatamiento a Fernando VII, defendido por Rayón como una medida de prudencia y moderación. Éste fue, por lo tanto, el primer núcleo de gobierno insurgente, que se atrajo la simpatía de los intelectuales y hacendados criollos que deseaban establecer un sistema de Juntas similar al implantado en las provincias de España. En la ciudad de México se inició, en este tiempo, la formación de una sociedad secreta llamada Los Guadalupes.
En agosto de 1811 Morelos contaba, según sus propias palabras, "con cuatro batallones en pie de guerra: uno para proteger los puertos de la costa; otro en El Veladero, fuera de Acapulco; un tercero en Tixtla y el último en Chilpancingo, para encargarse del abasto de pólvora". Desde el primer momento Morelos se inclinó por la proclamación de algunos principios revolucionarios, tomados de sus conversaciones con Hidalgo.
En Aguacatillo, el 17 de noviembre de 1810, había anunciado el establecimiento de un nuevo gobierno y en este decreto incluyó la abolición de la esclavitud (que confirmaría con solemnidad a principios de 1813), de los tributos y de las tesorerías de las comunidades. Este decreto está considerado como uno de los documentos más importantes en la historia social de América Latina. Como justificación de su levantamiento afirmaba que "ya que España se encontraba en manos de los franceses y los gachupines conspiraban con Napoleón para perpetuar su poder, todos los americanos debían unirse en defensa del país y de la religión".
La segunda campaña de Morelos, tras unos meses dedicados a la reorganización y preparación de sus huestes, se desarrolló de noviembre de 1811 a mayo de 1812. Una vez tomado Tlapa reunió a todas sus fuerzas en Chiautla para establecer una nueva estrategia: dividió su ejército en tres grandes cuerpos, uno al mando de Miguel Bravo, que marcharía hacia el sur y trataría de conquistar Oaxaca; el segundo dirigido por Hermenegildo Galeana, que atacaría y dominaría Taxco, y el tercero, bajo la dirección del propio Morelos, que avanzaría hacia el norte y entraría en Izúcar sin combatir el 12 de diciembre, para atacar Tenango y Tenancingo, antes de llegar a Cuautla (Morelos), ocupada el día de Navidad.
Se ha discutido acerca de por qué Morelos no siguió hasta Puebla, cuya conquista hubiera constituido el anticipo a la caída de la capital. En su lugar, dejando guarecida Cuautla, prefirió correr hacia el oeste, para unirse a las tropas de Galeana estacionadas frente a Taxco. Fue uno de sus más graves errores militares, porque mientras tanto, Félix María Calleja, con un numeroso cuerpo de ejército, sitió Zitácuaro (Michoacán), residencia de la Junta de Rayón, obligando a sus miembros a huir y dispersarse sin ofrecer resistencia. Este fue el comienzo de la decadencia de Rayón y de sus seguidores y constituyó un duro golpe al inicial optimismo insurgente.
Al conocer la caída de Zitácuaro, Morelos regresó a Cuautla, vía Cuernavaca, dispuesto a resistir el asalto anunciado de Calleja. El sitio de Cuautla, que se prolongó de febrero de mayo de 1812, ha sido interpretado de manera diferente por los panegiristas de cada uno de los bandos. Inicialmente Morelos logró derrotar a Calleja, pero Calleja consiguió reforzarse con tropas de refresco.
Mientras los insurgentes se mostraban incapaces de organizar una fuerza exterior que atacase al jefe realista por la espalda, el agotamiento de los víveres, la falta de agua y el acoso de las epidemias diezmaron los efectivos de Morelos y le obligaron a organizar una salida arriesgada, que culminó con notable éxito. Tanto los insurgentes como el propio Calleja se atribuyeron el triunfo sobre sus contrarios, pero el sitio de Cuautla, de todos modos, constituyó un modelo de resistencia límite, que socavó y atemperó el triunfalismo del virrey.
La tercera campaña, de junio de 1812 a agosto de 1813, fue la de mayor actividad y de más rotundo éxito de Morelos. Reagrupadas sus fuerzas en Chiautla, con Galeana y Bravo, durante algunos meses dominó el eje Chiautla-Tehuacán, llevó a cabo diversas acciones contra las fuerzas realistas y trató de impedir las comunicaciones entre la capital y el puerto de Veracruz. Al llegar el mes de noviembre se decidió a tomar la ciudad de Oaxaca, lo que consiguió el día 25 de este mes. Se trata de una de las acciones militares más brillante de Morelos, que contó con el apoyo de Mariano Matamoros y Miguel Bravo, logrando derrotar a las tropas del general español González Saravia. La brillante victoria de Morelos en Oaxaca reforzó mucho la suerte de los insurgentes, aumentó su prestigio personal y produjo una gran cantidad de beneficios materiales.
Durante varias semanas Oaxaca fue el cuartel general de Morelos, que fortaleció y extendió su dominio de la zona, al tiempo que intensificaba su labor administrativa y el ordenamiento de la insurgencia. Creó la intendencia de la provincia y el ayuntamiento de la ciudad, expidió reglamentos relativos a los horarios comerciales, a la tenencia de armas, al toque de queda y al uso de una insignia de identificación personal. También creó una Junta de Protección y Seguridad Pública, responsable del orden y la seguridad del pueblo. En la fiesta de acatamiento a la Junta Suprema, se presentó vistiendo un uniforme nuevo, con la insignia de capitán general, lo que simbolizaba la cumbre de su carrera militar.
En aquellos momentos, estuvo dudando si penetrar en el Valle de México, como le pedían sus seguidores de la capital, asociados en la agrupación de Los Guadalupes, o ceder al instinto que le señalaba la necesidad de apoderarse de un puerto de mar, para fortalecer sus relaciones con Estados Unidos y facilitar la llegada de ayudas procedentes del exterior. Inclinado por esta segunda opción, salió de Oaxaca el 9 de enero de 1813, atravesó la cordillera realizando marchas increíbles y, a partir de abril, estableció el asedio de Acapulco, que se prolongó durante varios meses hasta que el 20 de agosto consiguió su capitulación.
Pese al éxito, actualmente se piensa que con esta decisión Morelos perdió siete preciosos meses, que hubieran podido inclinar el resultado final de la insurgencia. De todos modos, con la conquista de Acapulco, Morelos controlaba un territorio que se extendía desde Guatemala hasta Colima, incluyendo la mayor parte de los actuales estados de Oaxaca y Guerrero, así como el sur de los de Veracruz, Puebla, México y Michoacán. En la ciudad de Oaxaca, a lo largo de casi todo el año 1813, se publicó, por iniciativa de Morelos, el periódico insurgente Correo Americano del Sur.
Mientras tanto se habían producido algunas novedades en el terreno político. Conocedor Morelos de las intenciones de Rayón de promulgar una Constitución americana, retrasó la contestación y, cuando lo hizo, pocos días antes de conquistar Oaxaca, le expresó sus objeciones principales: había que excluir definitivamente la mención a Fernando VII, limitar el número de los consejeros de Estado y aceptar que la elección del propuesto generalísimo de la república fuese de por vida, sin más límites que "la incapacidad, la enfermedad o la edad de sesenta años". Rayón no convirtió en ley su proyectada Constitución, entre otras razones, porque en la ciudad de México se había publicado y acatado públicamente la nueva Constitución española promulgada en Cádiz.
Mediado el mes de mayo, mientras sitiaba Acapulco, se le ocurrió a Morelos la idea de convocar un congreso nacional de representantes provinciales, como respuesta a las iniciativas de Rayón. Después de solicitar de éste que reuniera a los miembros de su Consejo en Chilpancingo, donde "serían reelegidos o depuestos", dirigió un decreto a las provincias para que nombraran electores que deberían reunirse el 8 de septiembre, con la finalidad de elegir un nuevo Congreso. Llegado el momento, redactó el texto conocido como Sentimientos de la Nación, que sirvió de base para las deliberaciones de los allí reunidos. En realidad, la mayoría de las propuestas, discursos y proclamas de Chilpancingo fueron redactadas por Carlos María Bustamante, fiel seguidor de Morelos.

El congreso de Chilpancingo
Su última campaña, de contenido más político que militar, se desarrolló precisamente a partir de septiembre de 1813 y llega hasta su caída en Temeslaca, en noviembre de 1815. Instalado en Chilpancingo, Morelos formuló un plan de gobierno compuesto de 59 artículos, prácticamente un proyecto de Constitución. Reconocía el principio de la separación de poderes, proponía que el ejecutivo lo ejerciese un generalísimo elegido a perpetuidad y con derecho a proponer la legislación que considerase necesaria. El legislativo quedaría en manos de un Congreso de diputados, cuyas personas serían declaradas sagradas e inviolables, manteniendo de momento el poder judicial existente. El artículo 17 declaraba la independencia de España, sin hacer referencia a ningún monarca. Entre los miembros natos del Congreso se encontraban los miembros de la Junta Suprema de Rayón.
El 14 de septiembre, una vez instalado el Congreso, Morelos leyó un discurso y los diputados iniciaron el examen de las propuestas contenidas en Sentimientos de la Nación. Al día siguiente fue elegido generalísimo por aclamación, con todos los poderes y la facultad de nombrar sus lugartenientes, cargos que recayeron en Mariano Matamoros y Manuel Muñíz. Hubo que esperar durante algo más de un mes a que llegaran Rayon, Bustamante, Liceaga y Cos, pero en noviembre se celebraron sesiones regulares y el día 6 el Congreso aprobó una declaración de independencia, redactada por Bustamante.
Deseoso de conquistar Valladolid, porque entendía la necesidad de contar con una ciudad en la que establecerse, Morelos decidió su asalto, llegando a sitiarla a partir del 22 de diciembre de 1813. Pero los realistas, reforzados los últimos meses y con la llegada de importantes contingentes de tropas enviadas por el virrey Calleja, obligaron a Morelos a retirarse en confusa desbandada, lo que diezmó y desalentó a sus seguidores. De este modo se iniciaba la decadencia militar y política del líder insurgente, obligado a retirarse y a obedecer las órdenes del Congreso de Chilpancingo, periodo que se prolongó a lo largo de casi dos años.
Felix María Calleja, nombrado virrey de Nueva España, aprovechó esta situación para ejercer presión en todos los frentes, avanzando sobre Chilpancingo, lo que obligó al Congreso a emprender una marcha incesante, que lo llevaría finalmente a la ciudad de Apatzingán, rumbo a Jalisco, donde acabó de discutirse y se proclamó el texto constitucional el 22 de octubre de 1814. Morelos, entre tanto, había renunciado al poder ejecutivo y dejó de ejercer mando militar alguno, excepto el de las tropas de su escolta. De regreso a Acapulco, vivió momentos muy dolorosos, al enterarse de la muerte de sus más fieles seguidores como Matamoros y Galeana, los brazos ejecutores de su estrategia militar.
Corriendo de un lugar a otro, medio escondido y rodeado de un escaso contingente de tropas, repelió a las fuerzas enviadas para capturarle, participó con fidelidad admirable en los trabajos del Congreso, mantuvo sus principios y discutió algunas de las medidas que pretendían tomar los dirigentes de la insurgencia. A mediados de 1814 solicitó a su colaborador Peter E. Bean que se trasladara a Estados Unidos, en demanda de ayuda y armamento.
Bean conoció al francés Joseph A. Humbert y, a través de éste, contactó con José Álvarez de Toledo, refugiado en Nueva Orleáns tras su fracaso de Texas. En mayo de 1815 Toledo escribió al Congreso, recibió un nombramiento de general insurgente en el exterior firmado por Morelos, y se ofreció para organizar una expedición en apoyo de la independencia. Cuando José Manuel Herrera, diputado que había sido presidente del Congreso en Chilpancingo, se trasladó a Nueva Orleáns junto con Toledo, se abrió una ventana a la esperanza insurgente.
El Congreso, mientras tanto, abandonó Apatzingán y se estableció en Uruapan, a la vez que elegía el nuevo poder ejecutivo tripartito integrado por Morelos, Cos y Liceaga. Obligado por su deseo de acercarse a un puerto de mar que le permitiera recibir la ansiada ayuda exterior, pero también por las disensiones y enfrentamientos de sus líderes, se decidió su traslado a Tehuacán, encargándose Morelos de escoltar y defender a los integrantes del legislativo. Con la incorporación de Nicolás Bravo, el contingente militar se componía de un millar de soldados, la mitad de ellos armados. Sin embargo, llegados a Tesmalaca, seis millas más allá del río Mezcala (cerca de la actual Iguala), un destacamento realista al mando del coronel de la Concha cayó sobre el convoy y aprehendió a Morelos, mientras Bravo pudo escapar, protegiendo al convoy hasta su llegada a Tehuacán.
Conducido a la ciudad de México, el 22 de noviembre de 1815 se iniciaba el primero de la serie de juicios a que fue sometido, ya que las autoridades militar, eclesiástica y civil se disputaron el derecho a condenarlo. Incoado con toda rapidez, el primer juicio terminó el día 23 y enseguida se presentó al prisionero ante el temible tribunal de la Inquisición, que lo incriminó por abandono de las doctrinas de la Iglesia y la adopción de herejías de autores malignos. El juicio estatal se celebró el día 28 y su declaración, registrada y anotada por el propio Morelos, constituye una de las fuentes de información más valiosas sobre el movimiento de independencia.

Miguel Hidalgo

Miguel Hidalgo
(Miguel Hidalgo y Costilla; San Diego Corralejo, Guanajuato, 1753 - Chihuahua, 1811) Patriota mexicano conocido también con el sobrenombre de El cura Hidalgo. Considerado como el padre de la patria mexicana, fue el iniciador de la lucha por la independencia.

Miguel Hidalgo
Hijo segundo de don Cristóbal Hidalgo y Costilla, administrador de la hacienda de San Diego Corralejo, y de doña Ana María Gallaga Mandarte, tuvo tres hermanos. A los 12 años marchó a la ciudad mexicana de Valladolid (actual Morelia), donde realizó sus estudios en el Colegio de San Nicolás. Ya bachiller en 1770, marchó a al ciudad de México para cursar estudios superiores.
En 1773 se graduó como bachiller en filosofía y teología, y obtuvo por oposición una cátedra en el mismo Colegio de San Nicolás. Durante los años siguientes realizó una brillante carrera académica que culminó en 1790, cuando fue nombrado rector del Colegio de San Nicolás. En 1778 fue ordenado sacerdote; al recibir las órdenes sagradas ocupó varias parroquias, hasta que a la muerte de su hermano Joaquín, en 1803, lo sustituyó como cura de Dolores, en Guanajuato.
Hombre muy culto y profundo conocedor de las ideas de la Ilustración, las puso en práctica entre sus feligreses, en su mayoría indígenas, en el intento de mejorar sus condiciones económicas y de vida. Para ello les enseñó a cultivar viñedos, criar abejas y dirigir pequeñas industrias, lo que le valió el apoyo incondicional de sus feligreses.
En 1808, la invasión a España por las tropas napoleónicas y la consiguiente deposición de su monarca Carlos IV, y de su hijo Fernando VII, generaron gran oposición tanto en España como en América. Surgieron entonces numerosos grupos de intelectuales que discutían en torno a los problemas de la soberanía y la forma de gobernarse. En 1809 Hidalgo se unió a una de esas sociedades secretas, formada en Valladolid, cuyo fin era reunir un congreso para gobernar el Virreinato de Nueva España en nombre del rey Fernando VII, que en ese momento se encontraba preso de Napoleón, y en último caso lograr la independencia.
Los conjurados planeaban levantarse en armas contra el virrey de Nueva España el primero de octubre de 1810, pero fueron descubiertos a mediados de septiembre. Hidalgo y algunos otros conspiradores lograron ponerse a salvo gracias al aviso de Josefa Ortiz de Domínguez y se trasladaron a Querétaro, donde Hidalgo se reunió con Ignacio Allende.
El 16 de septiembre de 1810, Hidalgo enarboló un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México, en el que se podía leer: "Viva la religión. Viva nuestra madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno". Hidalgo lanzaba así el llamado Grito de Dolores, que supuso el inicio de la revuelta; junto con Allende, consiguió reunir un ejército formado por más de 40.000 miembros.

Miguel Hidalgo en una pintura mural de Juan O'Gorman
El 21 de septiembre, el ejército de Hidalgo y Allende capturó Celaya, por lo que Hidalgo fue nombrado capitán general del Ejército Libertador e Ignacio Allende fue ascendido a teniente general. El obispo electo de Michoacán publicó un edicto el 24 de septiembre en el que eran excomulgados Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo. Seguidamente tomó las ciudades de Salamanca, Irapuato y Silao, hasta llegar a Guanajuato.
El 17 de noviembre Hidalgo se encaminó hacia Valladolid con siete mil hombres de caballería y doscientos cuarenta infantes, todos mal armados, entrando el 26 en Guadalajara, pero no logró llegar a la ciudad de México. En Guadalajara, Hidalgo expidió una declaración de independencia y formó un gobierno provisional; además decretó la abolición de la esclavitud, la supresión de los tributos pagados por los indígenas a la Corona y la restitución de las tierras usurpadas por las haciendas. A finales de año había perdido ya Guanajuato y Valladolid.
El 11 de enero de 1811 fue derrotado cerca de Guadalajara por un contingente de soldados realistas. Hidalgo huyó hacia Aguascalientes y Zacatecas, con la intención de llegar a Estados Unidos para buscar apoyos a su causa, pero fue traicionado por Ignacio Elizondo y capturado en las Norias de Acatita de Baján el 21 de mayo de 1811. Conducido a Chihuahua, Hidalgo fue juzgado en consejo de guerra y condenado a muerte. Lo degradaron como sacerdote y lo fusilaron en la mañana del 30 de julio de 1811. Su cabeza, junto con la de Allende y otros insurgentes, se exhibió como castigo en la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato.
El gobierno virreinal estaba convencido de que con la muerte de los caudillos, fusilados en Chihuahua, acabaría el movimiento insurgente, pero no fue así; con la ayuda del pueblo, Ignacio López Rayón, lugarteniente de Hidalgo, retomó la lucha desde su refugio en Saltillo, al tiempo que en el sur del virreinato se había producido la sublevación de José María Morelos, seguidor de las ideas de Hidalgo. En 1821, el levantamiento obtuvo sus frutos y México logró su independencia de España.
Tras el establecimiento de la República Mexicana, en 1824, Hidalgo fue reconocido como primer insurgente y padre de la patria. El estado de Hidalgo lleva su nombre y la ciudad de Dolores pasó a llamarse Dolores Hidalgo en su honor. El 16 de septiembre, día en que proclamó su rebelión, se celebra en México el Día de la Independencia. Sus restos reposan en la Columna de la Independencia, en la ciudad de México.